BIENVENIDOS

jueves, 13 de diciembre de 2012

Trabalenguas






*Ahí donde digo digo, no digo digo, digo 

Diego.


Ahí donde digo Diego, no digo Diego, digo 

.digo

Trabalenguas


El Rey de Constantinopla esta constantinoplizado.
consta que Constanza, no lo pudo desconstantinoplizar
El desconstantinoplizador que desconstantinoplizare al Rey de Constantinopla,
buen desconstantinoplizador será.

Trabalenguas


MC900432437[1]

Los trabalenguas, también llamados destrabalenguas, son oraciones o textos breves, en cualquier idioma, creados para que su pronunciación en voz alta sea de difícil articulación. Con frecuencia son usados como ejercicio para desarrollar una dicción ágil y expedita.




Niño coreano

http://youtu.be/-srhJCCkNmk

Tiempo de duendes


Hay un lugar mágico, un mundo donde todo lo que deseamos puede convertirse en realidad. Ese mundo es el de ustedes, el de los más chiquitos. Eso decía la mamá de Sofía, cada vez que la pequeña preguntaba sobre lo que veía o escuchaba en la tele y también por las cosas que la seño les enseñaba en el jardín.
Un día, la niña dijo a su mamá al volver del jardín.
- La seño nos habló sobre el clima y la contaminación.
- Ah… ¿Qué les contó? – preguntó curiosa la mamá
- Dijo que el clima ha cambiado mucho en los últimos cien años, que los humanos tenemos mucha culpa de los cambios climáticos. No los pequeños, los mayores. La seño dice que se fabrican cosas que todos usamos y que había que cambiarlas por otras que no contaminen.
Que se cortan muchísimos más árboles de los que se plantan y perjudican al planeta, que es nuestra casa. La seño dijo muchas cosas, pero no las recuerdo mamá. ¿Todo eso es verdad? – preguntó la niña entristecida
– La mamá alzó a su hija, la sentó sobre su falda y dijo.
- Sofía, recuerdas que hay un sitio mágico donde todo lo que deseamos puede convertirse en realidad. Ese sitio también es habitado por duendes, hay uno que brilla intensamente y nos alumbra durante el día, además de darnos su calor. ¿Adivinas cuál es?
La niña dice, el duende del Sol.
- Bien hija, muy bien – responde la mamá
- Hay otro que nos acompaña por las noches, a veces la vemos por la mitad o es un cuarto, a veces está llena y otras es invisible. ¿Sabes de quien hablo? Vuelve a preguntar la mamá.
La pequeña no se decide a contestar, mamá la ayuda. La lu…, la lu… y enseguida Sofía responde la duende Luna.
- Bien, muy bien Sofi, vuelve a felicitarla su madre que sigue contando. Una vez, el sitio donde habitan esas maravillosas criaturas se alborotó.
Ellos, encargados de cuidar el planeta Tierra veían como sus habitantes, los seres humanos, arrojaban la basura de todo lo que consumían, arrancado de las profundidades del planeta , sin ningún tipo de precaución, contaminando todo. No respetando el orden natural de la vida. La Naturaleza madre de todos los duendes sufría por su hija, la Tierra que se encontraba muy enferma.
El Sol y la Luna decidieron realizar una reunión de la que participaron todos los duendes, hermanos, primos y la madre Naturaleza todos familiares de la pobre Tierra.
El Sol habló primero, dijo.
- Yo caliento la tierra, si no estuviera, no habría días y todo sería un desierto helado, desde aquí veo como el hombre no sabe aprovechar mi energía, ¿Se cree acaso, que solo sirvo para broncear su cuerpo en verano cuando va de vacaciones? Cuando el Sol terminó su discurso, fue la Luna quien tomó la palabra:
- yo reflejo la luz del sol por las noches, doy algo de luz al viajero y controlo la marea donde los grandes peces se alimentan. Los poetas dicen que soy un símbolo de amor. Desde mi lugar, veo como el hombre contamina la tierra. Tanto al duende Sol como a mi nos afecta lo que ocurre, no podemos cumplir nuestras naturales funciones.
Al terminar de hablar la Luna, los cuatro duendecillos de las estaciones, los hermanos. Primavera, Verano, Otoño e Invierno, dijeron a coro:
- También nosotros estamos muy enfermos. Cada vez menos árboles y menos flores hago florecer – dijo con voz triste la primavera, hay menos árboles que purifiquen el aire, pues el hombre los corta sin piedad y se despreocupa de plantar nuevas semillitas. ¡Hay muy pocos árboles bebes! – se lamentó
- En el gris cemento de las ciudades donde las plazas escasean, los niños corren y se divierten pero ya no huelen la fragancia de las flores, apenas logro dar vida a los jardines. Cuando terminó de hablar la primavera un intenso e insoportable calor invadió el mundo de fantasía.
Entonces se oyó la voz del Verano, como todos, quejándose de los habitantes de la tierra.
- El constante uso de combustibles derivados del petróleo que queman los motores de vehículos y maquinarias, la fabricación de aerosoles que dañan la capa de ozono han confundido mis valores y en este presente puedo dar muchísimo calor en mi estación como en la de mis hermanos Otoño, Primavera e Invierno.
Cuando le llegó el turno al Otoño, dijo.
- No logro desvestir los árboles de sus hojas hasta bien entrado a la estación de mi hermano Invierno. Y mis otros hermanos, Primavera y Verano invaden mi tiempo. ¿Quien puede solucionar todos mis males? Preguntó apenado el Otoño. Todos los que allí se reunieron, tuvieron que abrigarse muy bien cuando habló el Invierno.
Cosa de no resfriarse.
- Estoy dentro del desorden, como todos ustedes, no puedo regular mis fuerzas y manejar mis poderes, la contaminación me ha llegado, puedo congelar en las zonas tropicales y pierdo fuerza en los lugares polares. No logro evitar el deshielo del sector antártico y sufro por los humanos, no se dan cuenta que muchas tierras fértiles y muchas ciudades quedarán bajo las aguas.
Desorientados los duendes no sabían como solucionar tremendo problema. Pero como esto es un cuento para niños y la fantasía es la que reina.
- La madre Naturaleza que todo lo sabe – dijo – cada uno de ustedes recorrerá el mundo, reunirá en cada país, ciudad y hasta en el más pequeño pueblito de la Tierra a todos los niños y contarán lo que está sucediendo. El mandato de la Naturaleza fue obedecido por todos los duendes y durante treinta días y treinta noches a cada niño de cada región se le contó lo que ocurría.
Se les aconsejó a cada uno, que hablara con sus padres, convencerlos que entre todos debían curar a la Tierra de la contaminación ambiental y devolverle la salud, para el bien del hombre y de todos los que en ella habitan. Los niños futuros hombres de esta bendita Tierra así lo hicieron, el hijo del Presidente hablo con su papá, el del científico con el suyo, el del gobernador, el del médico, el del industrial, el del comerciante, el del militar, el del empleado.
Todos lo hicieron y cada familia se preocupo desde ese momento por cuidar la ecología o sea la conexión del hombre con la madre Naturaleza. Los duendes del tiempo y de los astros compañeros, de la Tierra se curaron, por supuesto también el duende Tierra.
Cada estación hizo su trabajo cuando debía, Las flores, los árboles, los animales, los insectos y los niños, héroes en esta historia volvieron a respirar el aire puro que todos necesitamos y nos merecemos.
Organizaron una grandiosa fiesta y todos rieron y bailaron felices. Te gusto el cuento Sofía, Sofi, Sofi. La niña se había dormido, nunca llegó a escuchar el final feliz del cuento.
La mamá la alzó, la llevó a su cuarto y la recostó sobre la cama. La madre de Sofi dijo. Dios quiera que los hombres no se duerman como Sofía, ellos deben velar por el futuro del planeta, preocuparse por el medio ambiente, la vida no es fantasía.
Fin

miércoles, 12 de diciembre de 2012

" UN SUEÑO DE NAVIDAD "


La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos. 

Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían. 

También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres- sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar.
El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes.
Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente. 

La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra.

Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos  indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones.

En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo, como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras; para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo. 

Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: "goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien". 

Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal cerrándole todas sus puertas al bien.





lunes, 22 de octubre de 2012

EMILIA LA RATA QUE NO SABÍA LEER..


Cuentos infantiles para niños escritos por: Martha Bianchi.
Había una vez una señora rata que no sabía leer, tenía su casita en el tronco de un viejo árbol.
Usaba unos anteojos enormes porque quería leer el diario, pero por más que insistía no podía.
¿Será que con estos anteojos no se ve bien?, se preguntaba la rata.
Un día… se encontró con una ardilla en el parque y le preguntó: ¿Tú lees el diario?
Pues sí, respondió la ardilla.
Yo no puedo… estos anteojos están viejos y no se ve nada, contestó Emilia.
Tienes que aprender yendo a la escuela, dijo la ardilla y siguió su camino.
Doña rata siguió andando y andando, no convencida con la respuesta de la ardilla se encontró con un conejo y vuelve a preguntar:
Oye… ¿Tú sabes leer el diario?.
Por supuesto, vengo de la escuela, dijo el conejo llevando su mochila llena de libros.
Yo no puedo leer, tendré que cambiar los anteojos, dijo de nuevo la rata Emilia, y ya un poco preocupada se cruza con un perro y tambien le pregunta:
¿Tú has leido el diario?.
Pues sí dijo el perro, leí todas las noticias.
¿Y no usas anteojos?.
No, voy a la escuela, allí aprendo, contestó el perro.

La señora rata se quedó pensando y al día siguiente se compró una mochila, unos lápices y un cuaderno y empezó a ir a la escuela.
Luego de varias semanas se encuentra con un gallo y le dice:
¿Sabes leer el diario?
Sí, siempre lo leo, contesta el gallo.
Yo también! , dijo Emilia, ahora no usó anteojos…voy a la escuela!
Entonces… estaba tan contenta la rata Emilia que organizó una fiesta en la plaza e invitó a todos los animalitos y después de comer y jugar mucho les contó:
¿Saben una cosa amigos? Yo también se leer aprendí en la escuela y ahora todas las noches antes de dormir leo un libro!
FIN

El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre.  Aprende leyendo.......

martes, 21 de agosto de 2012

"BIENVENIDOS AL INICIO DEL CICLO ESCOLAR 2012-2013"

"LEE Y CONDUCIRÁS NO LEAS Y SERÁS CONDUCIDO"


Los ciegos y el elefante



Una vez llegó un elefante a una ciudad habitada por ciegos. En dicha ciudad se ignoraba qué y cómo era tan extraño y enorme animal, así que decidieron llamar a unos eruditos de la ciudad, ciegos también, para que formularan un dictamen.

El primer experto se acercó al elefante, palpó concienzudamente sus patas y luego sentenció:
- Puedo afirmar que este animal es como una columna.
El segundo erudito, en cambio, tocó a fondo la oreja del paquidermo.
- Debo decirles que mi colega está equivocado, este animal es como un abanico y no se parece en absoluto a una columna - dijo con firmeza.
Finalmente el tercer sabio exploró minuciosamente la trompa del elefante y dictaminó:
- Quiero aclarar que mis dos colegas han errado claramente su apreciación. Es evidente que este animal se parece a una serpiente.
De este modo, se levantó entre los habitantes de la ciudad una gran polémica entre los que defendían una u otra de las opiniones de los eruditos, creándose así varios bandos beligerantes.
Sin embargo, acertó a pasar por allí un hombre que veía perfectamente y, enterado de la disputa, quiso sacar a aquellas personas de su error describiéndoles cómo era el elefante en realidad y explicando que cada letrado sólo había percibido una parte del animal.
Como los ciegos se empecinaron en su error, dijeron que aquel individuo estaba loco, lo expulsaron de malas maneras de su ciudad y, aún hoy, continúan debatiendo el asunto entre ellos.


lunes, 4 de junio de 2012

¡DESPERTAR AL MUNDO QUE NOS RODEA!

La lectura es un placer que se adquiere después de muchos encuentros agradables. Los libros son objetos que sirven para jugar con el pensamiento, con la imaginación y con el lenguaje. A partir de ahí, las posibilidades de lo que sus páginas nos pueden dar son ilimitadas, como le dice Elena Poniatowska a Adriana Malvado en "Leer de la mano", un cuaderno que pretende guiarnos en la tarea de inculcar la lectura en niños que van de los cero a los cinco años. Pero, ¿a qué edad debemos empezar a estimular a los niños para que lean?...